Poemas recitados y comentarios

 Alaba los negros ojos de Julia (Rubén Darío)


¿Eva era rubia? No. Con negros ojos

vio la manzana del jardín: con labios

rojos probó su miel; con labios rojos

que saben hoy más ciencia que los sabios.


Venus tuvo el azur en sus pupilas,

pero su hijo no. Negros y fieros,

encienden a las tórtolas tranquilas

los dos ojos de Eros.


Los ojos de las reinas fabulosas,

de las reinas magníficas y fuertes,

tenían las pupilas tenebrosas

que daban los amores y las muertes.


Pentesilea, reina de amazonas;

Judith, espada y fuerza de Betulia;

Cleopatra, encantadora de coronas,

la luz tuvieron de tus ojos, Julia.


La negra, que es más luz que la luz blanca

del sol, y las azules de los cielos.

Luz que el más rojo resplandor arranca

al diamante terrible de los celos.


Luz negra, luz divina, luz que alegra

la luz meridional, luz de las niñas,

de las grandes ojeras, ¡oh luz negra

que hace cantar a Pan bajo las viñas!

A Leonor (Amado Nervo)


Tu cabellera es negra como el ala

del misterio; tan negra como un lóbrego

jamás, como un adiós, como un «¡quién sabe!»

Pero hay algo más negro aún: ¡tus ojos!


Tus ojos son dos magos pensativos,

dos esfinges que duermen en la sombra,

dos enigmas muy bellos... Pero hay algo,

pero hay algo más bello aún: tu boca.


Tu boca, ¡oh sí!; tu boca, hecha divinamente

para el amor, para la cálida

comunión del amor, tu boca joven;

pero hay algo mejor aún: ¡tu alma!


Tu alma recogida, silenciosa,

de piedades tan hondas como el piélago,

de ternuras tan hondas...

Pero hay algo,

pero hay algo más hondo aún: ¡tu ensueño!

A un triste (Manuel Gutiérrez Nájera)


¿Por qué de amor la barca voladora

con ágil mano detener no quieres,

y esquivo menosprecias los placeres

de Venus, la impasible vencedora?


A no volver los años juveniles

huyen como saetas disparadas

por mano de invisible Sagitario;

triste vejez, como ladrón nocturno,

sorpréndenos sin guarda ni defensa,

y con la extremidad de su arma inmensa,

la copa del placer vuelca Saturno.


¡Aprovecha el minuto y el instante!

Hoy te ofrece rendida la hermosura

de sus hechizos el gentil tesoro,

y llamándote ufana en la espesura,

suelta Pomona sus cabellos de oro.


En la popa del barco empavesado

que navega veloz rumbo a Citeres,

de los amigos del clamor te nombra

mientras, tendidas en la egipcia alfombra,

sus crótalos agitan las mujeres.


Deja, por fin, la solitaria playa,

y coronado de fragantes flores

descansa en la barquilla de las diosas.

¿Qué importa lo fugaz de los amores?

¡También expiran jóvenes las rosas!

Aegri somnia (Julián del Casal)



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