Delmira Agustini
Biografía
Delmira Agustini
(Montevideo, 1886-1914) es una de las poetas más representativas de la poesía
hispanoamericana del siglo xx. Admirada por su talento y por la sensualidad de
sus versos, la prematura y trágica muerte que hace de ella toda una leyenda, no
impidió que se publicaran tres poemarios que llamaron la atención de sus
contemporáneos y que desconcertaron a la sociedad uruguaya de su tiempo.
Elogiada por Rubén Darío, quien escribió el «Pórtico» de su libro Los cálices vacíos, y por otros
intelectuales del momento, la retórica modernista en ella va dejando paso a una
nueva visión del lenguaje erótico, la del deseo femenino, que chocó con los
códigos tradicionales de su entorno y que fue creando una escuela entre las
voces femeninas que retoman su legado.
Nace el 24 de octubre en
Montevideo. Hija de Santiago Agustini, de nacionalidad uruguaya, y María
Murtfeldt, originaria de Argentina. A los cinco años ya sabía leer y escribir
correctamente, a los diez componía versos y ejecutaba en el piano difíciles
partituras. A la edad de dieciséis años, empieza a publicar sus primeros poemas
en la revista La Alborada. También lo
hace en otras revistas literarias, como Apolo
y Rojo y Blanco. Es en estos poemas
donde se identifica su estilo modernista más extremo, muy cercano al de Rubén
Darío en Azul o Prosas profanas; allí están presentes el exotismo, el
cosmopolitismo, el preciosismo y un afán por la rima musical.
En 1907 publica su primer
poemario, El libro blanco, A partir
de entonces empieza a establecer amistad con algunas de las figuras
intelectuales más sobresalientes de la época, como Manuel Medina Betancourt,
Alberto Zum Felde, Roberto de las Carreras, Juan Zorrilla de San Martín, Carlos
Vaz Ferreira, Julio Herrera y Reissig, Samuel Blixen, entre otros.
En 1908 comienza un
noviazgo con Enrique Job Reyes a escondidas (ya que la madre no aprueba esta
relación), uno que al principio se limita al contacto epistolar y que llegará a
durar cinco años. Reyes provenía de una familia acomodada de la provincia de La
Florida y debido a que era una persona ocupada por su trabajo, nunca aprecio el
talento poético de Delmira.
En 1910 publica Cantos de la mañana, prologado por el escritor uruguayo Manuel Pérez y Curis. Para entonces
es una poeta célebre y su prestigio es sobresaliente, tanto que en su casa es
visitada por varios escritores atraídos por su talento.
En 1912
Conoce a Rubén Darío durante una de sus visitas a Montevideo e inician una
amistad cordial que se expresa en un intercambio de cartas. En esta visita a la
capital uruguaya, a Darío lo acompaña su amigo Manuel Ugarte; es entonces
cuando Delmira y el argentino, once años mayor que ella, se conocen
personalmente.
En febrero de 1913
publica su tercer libro de poemas, Los cálices vacíos. El libro abre con un
«Pórtico» de Rubén Darío alabando su poesía: «De todas cuantas mujeres hoy
escriben verso ninguna ha impresionado mi ánimo como Delmira Agustini, por su
alma sin velos y su corazón de flor». Este poemario, más abiertamente erótico
que los anteriores, levanta murmuraciones entre los miembros de la sociedad
burguesa montevideana.
En ese mismo año, Delmira
y Reyes se casan. Sin embargo, luego de mes y medio de matrimonio, abandona a
Reyes por verse atraída por Manuel Ugarte, hecho que la llevara a refugiarse en
la casa de sus padres mientras tramita el divorcio. Lamentablemente, Reyes
dominado por un sentimiento de inferioridad se encuentra clandestinamente con
Delmira, y en un arranque de ira y celos le dispara dos tiros en la cabeza y
luego se suicida.
Análisis de su poema: El vampiro
El
vampiro
En
el regazo de la tarde triste
Yo
invoqué tu dolor... Sentirlo era
Sentirte
el corazón! Palideciste
Hasta
la voz, tus párpados de cera,
Bajaron...y
callaste... Pareciste
Oír
pasar la Muerte... Yo que abriera
Tu
herida mordí en ella -¿me sentiste?-
Como
en el oro de un panal mordiera!
Y
exprimí más, traidora, dulcemente
Tu
corazón herido mortalmente,
Por
la cruel daga rara y exquisita
De
un mal sin nombre, hasta sangrarlo en llanto!
Y
las mil bocas de mi sed maldita
Tendí
a esa fuente abierta en tu quebranto.
¿Por
qué fui tu vampiro de amargura?
¿Soy
flor o estirpe de una especie oscura
Que
come llagas y que bebe el llanto?
(De
Cantos de la mañana, 1910)
Agustini y su vampirismo
La poesía de Delmira
Agustini siempre ha sido sinónimo de controversia; ya sea durante la época en
que fueron publicados sus escritos, cuando estos rápidamente fueron descartados
por la burguesía montevidiana debido a la intensa carga de erotismo que
manifestaban; así también como en la época actual donde aún se trata de
especular sobre la verdadera identidad de la poetisa, ya que algunos expertos sostienen
que esta demostraba tener más de una personalidad a la hora de plasmar las
ideas de sus escritos, como si un demonio se apoderara de ella.
“Era común que Agustini pasara noches de
insomnio atormentada por la redacción y el pulimento de sus versos. Ella, como
el vampiro en sus poemas, trabajaba de noche. Sola, encerrada en su habitación
con su angustiosa pasión y entregada al acto creativo, Delmira Agustini era una
mujer poderosa. Sin embargo, al amanecer, la que salía del cuarto era la «nena»
de la casa, el «sol» de su madre”.
Rodeada de un aura de
misterio, esta supuesta atribución de la doble personalidad se debe a la
caracterización que Agustini adoptaba con sus padres, donde la poetisa se
comportaba de manera más educada y contenida, a comparación de sus escritos
donde dejaba de lado todas sus inhibiciones para convertirse en la pitonisa de
eros.
Tal dualidad puede
encontrarse plasmada en el poema anteriormente presentado, el cual, a través del
mito del vampiro, presenta ese mundo de ensueño que los poetas modernistas
utilizaban para evadir la realidad. En el caso de Agustini, dicho mundo era
necesario para sacar a relucir la sensualidad de sus versos.
“Delmira Agustini es la
vampiresa que se venga contra la madre por chuparle la sangre, por paralizar su
libertad bajo ese vigilante ojo materno. El amor excesivamente posesivo de la
madre le bebe la vida a la hija, en forma simbólica. Por consiguiente, ésta se
venga situándose en semejante posición de dominio y control”
En el poema, la
hostilidad que Agustini profesaba secretamente a la figura controladora de su
madre, se puede encontrar presente en las dos primeras estrofas del mismo:
En
el regazo de la tarde triste
Yo
invoqué tu dolor... Sentirlo era
Sentirte
el corazón! Palideciste
Hasta
la voz, tus párpados de cera,
Bajaron...y
callaste... Pareciste
Oír
pasar la Muerte... Yo que abriera
Tu
herida mordí en ella -¿me sentiste?-
Como
en el oro de un panal mordiera!
Lo primero que se puede
visualizar es el deleite con el que se contempla el dolor del otro hasta el
punto de sentirlo como algo íntimo “sentirlo era sentirte el corazón” donde el
yo poético de Agustini demuestra poseer un impulso sádico al querer morder una
herida que ya estaba abierta. Después, en el tercer verso del poema ese sadismo
en cierta parte melacólico pasa a convertirse en un completo festín de
canibalismo:
¡Y
exprimí más, traidora, dulcemente
tu
corazón herido mortalmente,
por
la cruel daga rara y exquisita
de
un mal sin nombre, hasta sangrarlo en llanto!
Y
las mil bocas de mi sed maldita
tendí
a esa fuente abierta en tu quebranto.
Un estudio realizado por
Whilem Stekel, psicoanalista austricaco, señala que la melancolía mucha de las
veces presenta las siguientes características: “impulsos sádico-canibalistas,
una actitud profundamente escondida y hostil hacia el contorno, la prominencia
en saciar el instinto oral [...] y la capacidad para incorporar o encarnar el
objeto sexual al punto de identificarse completa y absolutamente con el mismo”
Por lo tanto, a raíz de
lo anterior no debería de ser ninguna sorpresa encontrar dichas características
dentro del poema ya que se muestran tanto impulsos sádico-canibalistas “Y exprimí
más, traidora, dulcemente tu corazón herido” así como también el deseo de
devorar al amante como en una especie de comunión con este.
En la icónica frase de la
estrofa final, “Yo soy el vampiro de tu amargura” es donde se ve más patente
esa melancolía que la poetisa sufría, ya que al ser la madre la figura
controladora, la lucha que emprende la hija por querer separarse de la madre
mucha de las veces no resultaba efectiva, por tal motivo es de suponer que la
hija se sentía absorbida por la madre hasta el punto no tener clara su propia
identidad.
Con lo anterior, se puede
deducir que en este poema están presentes tanto la parte más sádica y sensual
de Agustini, la cual se ve reflejada a través de las grotescas descripciones
del festín de canibalismo que el personaje hace con su amante, así como una
triste melancolía hacia la figura de su madre, quien toma la forma de un
vampiro que es capaz de exprimir hasta la última gota de su ser, despojándola
por completo de su propia identidad.
Fuentes de consulta:
Martínez, Dairen. «Claves temáticas de
la poesía de Delmira Agustini: ensueño y erotismo.» Fundación comillas
(2015).
Norat, Gisela. «Vampirismo, sadismo y
masoquismo en la poesía de Delmira Agustini.» Linguistica y literatura
(11): 152-169.
Pleitez, Tania. Cervantes Virtual.
s.f. https://cvc.cervantes.es/Literatura/escritores/agustini/default.htm. 14
de Diciembre de 2020.




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